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dissabte, 5 de setembre de 2015

TRICASE 2ª PARTE.


Tenemos que explicar que aunque estamos colgando el blog a principios de septiembre, lo que contamos se desarrolla con un poco de desfase en el tiempo. Por ejemplo la escala en Othoni tenía como objetivo final estar el 21 de agosto en Tricase para la consulta con el Dr Pirelli, que haría un paréntesis en sus vacaciones para atendernos. Lo sentimos, pero las redes de comunicación están claramente saturadas en la mayoría de Islas en plena temporada y cuesta bastante preparar y colgar el blog. Ahora ya empieza a ir mejor con el fin de las vacaciones; pero tenemos el problema de las baterías que van un poco justas pues en los amarres públicos no hay electricidad y el motor intentamos escucharlo lo mínimo posible, así que calma “sigá sigá”


Dedicamos un par de días de total relax en Othoni, para saborear la vida del pueblo un poco más a fondo que la primera vez que pasamos por aquí. Aunque en realidad esta vez (en pleno Agosto) tenía sabor a Italia. Escuchamos más hablar italiano que griego. Incluso muchos griegos han aprendido a hablar italiano.Es la fuerza del turismo… El pueblo nos continuó pareciendo un sitio muy acogedor.



Una vez ya cumplidos los dos días mínimos de rigor que nos atan allí donde estamos a gusto, comenzamos a seguir los partes de meteorología.  




Por lo que decía el oráculo del tiempo en los próximos días habría un poco de inestabilidad e incluso amenazaba con alguna tormenta. Para llegar en la fecha programada debíamos probar suerte al día siguiente con un poco de viento tal vez de través (bueno para nosotros) y algo de mar (menos agradable) que el pequeño Yin Yang y su tripu podrían soportar perfectamente.
Preparamos todo para zarpar al día siguiente. La noche llegó con un poco de viento del N que duró prácticamente hasta el amanecer. Significaba que al menos un poco de mala mar ya teníamos asegurada.




Estábamos al S de la isla, dentro del puerto y detrás de las montañas, así que el viento que llegaba entre 10 y 14 nudos no era el que realmente habría al otro lado de la isla. 
Amaneció con una suave brisa, que una vez desayunados ya nos volvía acolchar contra el muelle con intensidad de unos diez nudos. Para salir, al primer “gomonne” que pasó le pedimos que hiciera de hélice de proa y nos separara del muelle. Seguíamos estando entre dos barcos, así que mejor asegurar el éxito de la maniobra.



Ya fuera del puerto y aún a resguardo de la isla el viento llegaba hasta los 15 nudos y se veía un poco de mar a lo lejos. Preparamos la Mayor con un rizo y Trinqueta como vela de proa pues tocaría ceñir alegremente. Mientras tanto nos alcanzó un barco que llevaba todo el trapo arriba. Pocos minutos después adquirió una configuración de velas muy parecida a la nuestra pues al salir de detrás de la isla el viento llegaba hasta los 24 nudos reales y la mar bien organizada no parecía que superara los 2,5 metros de altura. 
El Yin navegó firme, deslizándose de ceñida a velocidad entre 5 y 6 nudos, con una suavidad que rozaba la elegancia, sin prácticamente salpicar y a rumbo casi directo al destino. El viento y la mar llegaban por la amura de estribor
Casi a la mitad del recorrido (unas 25 millas) el viento fue disminuyendo y la mar se suavizó. El otro barco que habíamos mantenido bastante cerca, puso motor en marcha y se fue alejando en dirección más al S, tal vez hacia Leucca. Nosotros izamos Mesana pues el viento se estaba yendo hacia el través y dejamos la Trinqueta y el rizo de la mayor agregando además el Yankee. Con las cuatro velas arriba y viento del través de unos 14 nudos llegamos a los 7 nudos de velocidad. Navegamos así hasta tener a Tricase a media milla de nuestra proa, momento en que empezamos a recoger todo lo que habíamos tendido… Fue una navegada para recordar.
Con la bocana del puerto ya en la proa se cerraba el circulo con salida y llegada a Tricase después de rodear Corfu y sus alrededores. 



La entrada por la bocana fue tan espectacular como de costumbre, pero con muchos más bañistas y nadadores cruzando por allí, clases de vela ligera, clases de remo para niños dentro del puerto y algún “desesperado” con barco dispuesto a importunar en la maniobra, al que le tuvimos que dejar claro que los dos barcos no cabíamos para maniobrar a la vez en tan poco espacio… Sería ciego?

Acomodados en el amarre público pedimos conexión de agua y electricidad para 24 horas pagando 25€, pues estábamos secos de ambas cosas. Como llegamos por la tarde, presentamos nuestras credenciales en la oficina de la guardia costera a la mañana siguiente para hacer la entrada oficial en el amarre y garantizar los tres días máximos de estancia.




Lo siguiente era, además de comprar provisiones, ir a la lavandería y buscar baterías nuevas para el Yin. Por suerte el recorrido de 3 km está adornado con frondosos robles, olivos y las maravillosas higueras... Estas últimas las ordeñamos a gusto.


Quercia Vallonea siglo XII ( Roble)

Higos del camino


La nueva combinación para llegar al dentista fue tren y bicicletas. 



No podíamos creer lo que veíamos. El viaje en tren fue un verdadero viaje en el tiempo. Verdaderas reliquias en funcionamiento. Trenes a gasoil con cambios de marcha casi como un camión. Automáticamente pensamos en nuestro amigo Justo maquinista de profesión. Esperamos vea estas fotos. 








Las nuevas baterías llegaron al Yin Yang con la inestimable ayuda de Salvador el contramaestre del puerto que nos llevó en su coche a la tienda.

Finalmente el largo tratamiento dió el resultado esperado, la encía quedó sana y la muela salvada. El Dr Pirelli lo dijo desde el primer día “se puede salvar pero será un tratamiento largo”…
Un tratamiento paralelo siguiendo indicaciones del padre de Margarita del Kayros, seguramente mejoró el resultado. La ciencia y la sabiduría popular se dieron la mano…


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