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diumenge, 6 de desembre de 2015

LIPSI Y PATMOS


Lipsi, una pequeña isla al Norte de Leros rodeada por algunos bajos e islotes por su lado SW antes de entrar en la bahía Lipson donde se encuentra su único puerto, fue nuestra siguiente parada. 


llegada a puerto Lipsi

amarre publico visto desde el E.

Generalmente las islas más pequeñas tienen algún atractivo especial que acaba conquistando al visitante. Unas veces su estilo de vida, otras veces su arquitectura con algún toque distintivo, otras veces los productos locales, otras la amabilidad de su gente y en la mayoría todo junto.
En el caso de Lipsi nos pareció que fallaba casi todo. Cuando comentábamos con algún otro navegante que esta sería nuestra siguiente parada torcían la nariz en señal de desaprobación o disgusto. Los que nos dieron su opinión se quejaron de la desagradable gestión de que es objeto el puerto público. Incluso un griego cuando supo nuestro siguiente destino comentó: “cada isla es un mundo… la gente es diferente, las cosas se hacen diferentes”.
Tenía razón, pero hasta entonces casi todo había sido positivo.

Ocurrió así… llegamos al puerto público, echamos el ancla y mientras hacíamos la maniobra de atraque apareció un isleño que llegó con su coche hasta prácticamente el punto donde pensábamos amarrar y se ofreció a colocar las amarras en su sitio (algo que hemos hecho solos muchas veces) mientras otro navegante del barco del costado tomaba la amarra que daba a su lado. Terminamos la maniobra dimos las respectivas gracias y nos dispusimos a preparar para comer. Unos minutos después el sujeto del coche nos llamaba extendiendo una factura de 4€ por la ayuda prestada, pero además con una cara que parecía que pasaba la factura por debajo de la puerta. 
Al atardecer, llegó la funcionaria de turno con etiqueta identificativa en la solapa y cara de enfado para cobrar por adelantado los días de estancia que pretendíamos estar. Usó las palabras justas, ni una de más. El precio era el estándar 7€ por noche para 12 metros.
Pero lo mejor estaba por llegar, si querías agua y electricidad, entonces vendría otro personaje igualmente seco y parco en palabras que controlaba las conexiones… y qué conexiones! podía conectar hasta 6 barcos a una misma toma de electricidad. El precio 10 €.



oficina de cobros


Con ánimo de re-encontrarnos con la Grecia sonriente y agradable nos fuimos a dar una vuelta a pie por el pueblo donde lo que más destacaba eran sus muchas iglesias, ermitas y capillas que aparecían por todas partes… la gente continuaba pareciendo serias y distantes.









Encontramos una pastelería y paramos para tomar un café, un par de dulces y hacer uso del Wifi. Todo bien, pero la señora era más seca que el muñeco de yeso que tenía en la puerta. Pensamos que definitivamente eran diferentes.

La isla en general es agradable a la vista y la bahía protege de casi todos los vientos, tal vez los Oestes sean difíciles de aguantar. Hay una ensenada a estribor antes de entrar a puerto donde se puede fondear.
En el puerto la llegada de algunos ferris provoca un poco de olas durante unos minutos. Hay varias tabernas, bares y restaurantes en los alrededores. 
El segundo día volvimos a la pastelería para comprar pan y nos atendió una chica agradable y sonriente que rompía la imagen que nos habíamos hecho de la gente de este sitio… seguramente no todos eran iguales, pero ya nuestra mente apuntaba a Patmos. 





Al día siguiente, según la previsión meteorológica tendríamos viento del SSE que nos permitiría navegar entre un largo y un través a rumbo casi directo. Soltamos amarras con las primeras rachas… 

Next Port Patmos…

Los vientos del Sur por estas tierras suelen llegar con igual o más fuerza que el tan conocido Meltemi, pero esta vez todo indicaba que no superaría los 25 nudos y pasadas 24 horas comenzaría a girar al W hasta quedar soplando de Norte el tercer día.
Era una apuesta ligeramente arriesgada pues el puerto de Skala está en una bahía abierta al SSE.
Animados por la posibilidad de navegar con viento a favor y que la bahía de Skala al no mirar directamente al Sur nos daría un poco de protección para amarrar a la llegada, nos lanzamos a toda vela rumbo al W con las primeras rachas de viento que llegaban del SE.
La navegación fue agradable con el viento siempre soplando entre el largo y el través; con la mar aumentado en fuerza y no tanto en altura a medida que nos acercábamos a Patmos.


Skala a la vista

Entramos en la bahía con viento racheado del Sur entre 18 y 22 nudos. Pusimos el motor en marcha, bajamos velas y nos fuimos directamente a abarloar al muelle público junto al paseo donde habían otros barcos. 
Desde la distancia el puerto de pescadores al otro lado de la bahía parecía lleno. Allí Miguel y Dora nos habían dicho que era un buen sitio para estar en caso de soplar viento Sur.
Los barcos que ya estaban abarloados en el muelle público saltaban constantemente por el efecto del mar que llegaba y parecía que se iban a subir al muelle. Resignados preparamos las mejores amarras y pusimos todas las defensas posibles a la banda de estribor que quedaría tocando a tierra.



mar movida e incomoda en el amarre público 

Unos minutos después de atracar, mientras valorábamos las posibilidades de que empeoraran las condiciones, un señor que iba en moto con aspecto entre pescador y mecánico se acercó y nos recomendó que nos fuésemos al puerto de pescadores… Ok, gracias!
Prismáticos en manos comenzamos a buscar algún posible sitio entre barcos donde pudiésemos ponernos al otro lado donde nos había dicho.
De pronto… “ey, amigo! sube aquí, vamos al otro lado para buscar un sitio. Aquí esta noche será peligroso estar” (resumido y traducido). Esta vez era el camarero de un bar del costado con su moto el que se ofrecía para ayudarnos. Lo más sorprendente es que mientras tanto, ocurría lo mismo en el barco que teníamos delante y que por lo visto hacía poco que habían llegado. Una chica se ofrecía con su moto para llevar a la patrona del mismo para que viese los sitios que habían libre en el puerto de pescadores…
Fue un golpe de efecto que nos robó el corazón. Cuanta diferencia en tan solo diez millas de distancia. Indudablemente palpamos la hospitalidad de la gente del lugar. Nos sentimos bien recibidos.
Habían tres sitios libres, así que sin dudarlo después de contar con la aprobación de los lugareños, ambos barcos nos cambiamos al puerto de pescadores donde no entraba la fuerza del mar, pero sí el viento que llegó a soplar con rachas superiores a los 30 nudos durante toda la tarde y buena parte de la noche. Los dos catamaranes que estaban abarloados en el amarre público tuvieron que marchar.


a la izquierda puerto público abierto al Sur, a la derecha puerto de pescadores mejor protegido 


El otro barco era un charter de una familia de alemanes: Pepe, Sibylle y Lea, siempre sonrientes y dispuestos a charlar. Con ellos habíamos coincidido en Lipsi el primer día y se habían marchado al día siguiente a primera hora.
Esta vez después de dos días de lluvias y viento en Patmos nos fuimos los cinco a cenar a la taberna que teníamos en el puerto, donde comimos, nos reímos, intercambiamos disparates idiomáticos y un poco de información sobre algunos sitios donde echar el ancla. A Pepe, le bautizamos cariñosamente con este nombre porque el suyo nos resultaba imposible de pronunciar.


de izquierda a derecha: "Pepe", Lea, Mireia, Sibylle y Alex

Al día siguiente ellos continuaron la ruta. Así ocurre generalmente con los charter, las estancias en los sitios suelen ser cortas. Hay mucho para ver y poco tiempo disponible. Navegaron una semana más en la que continuamos intercambiando información sobre meteorología y los sitios por donde estábamos. 
Al tercer día, tal y como estaba previsto el sol volvía a brillar y el viento soplaba del Norte, dirección de la que quedábamos mejor protegidos.



Entre lluvia y lluvia habíamos salimos con las bicis a explorar las calles y callejuelas de la ciudad de Skala. Un sitio con mucha vida y fácil de recorrer. Tabernas, bares, restaurantes y tiendas por todas partes, pero repartido de una manera que no resulta agobiante.





Cuando el tiempo mejoró ya teníamos las paradas de autobuses (hay un mismo autobús que abarca las dos líneas), los alquileres de moto, el supermercado y la panadería más cercana localizados, estábamos listo para pasar al siguiente nivel: visitar el monasterio. Tomamos el autobús y para arriba, hasta la base de la chora (“jora”). Capital de la isla.



impresionantes vistas del castillo que coronan la Jora

Esta podríamos decir que en su tiempo era una chora de alto standing. Diferente y majestuosa en su conjunto. Coronada por un monasterio amurallado y con un laberinto de calles donde la mayoría de sus casas destacan por su tamaño y estilo, una combinación que invita a recorrer sus callejuelas y túneles en busca de la siguiente sorpresa. Una verdadera obra de arte. 
























Finalmente llegamos a lo más alto. Pasamos la muralla y entramos en el monasterio. Fundado a finales del siglo X, dedicado al “discípulo bien amado” se convirtió en lugar de peregrinación y centro de enseñanza de la Iglesia Ortodoxa griega.
Entramos y nuevamente un derroche de imaginación y arquitectura nos enmudeció por unos minutos. La historia literalmente al alcance de las manos. La construcción en piedra, con arcos increíbles y paredes pintadas con frescos centenarios que tristemente en algunos casos se están deshaciendo por falta de mantenimiento y restauración, absorbe la atención. En los interiores estaba prohibido hacer fotos. 

















De regreso hicimos una parada técnica en una taberna tradicional de la jora para luego bajar a pie por Aporthianos el camino centenario.





Aporthianos es el camino que une el Monasterio St John y la Chora con Skala. Datado alrededor del siglo XVI, época en que ya existía una importante flota mercante en Patmos. 




en primer plano vista del camino. Al fondo bahía de Skala

Durante el recorrido se pasa frente a la pequeña iglesia St Vlasios, se atraviesan campos cultivados en terrazas y algunas casas centenarias para verdaderos ermitaños. 





En el camino se aprecian diferentes técnicas de construcción hasta llegar a un tramo adoquinado parecido a una calzada romana. Mientras bajábamos disfrutando de las vistas podíamos imaginar los burros cargados de mercancías, subiendo y bajando. 
Poco a poco entramos en el pueblo de Skala por una calle que baja directamente al puerto…





Al día siguiente alquilamos una moto y volvimos a subir a la chora para visitar la otra mitad que no habíamos visto y los molinos de viento.




Los tres molinos que fueron fielmente restaurados hace pocos años se pueden visitar mientras funcionan. Dos de ellos están datados en el año 1588. Solo uno de ellos contiene el mecanismo completo y muele cereales para producir harina. Fue una verdadera sorpresa poder ver el proceso y escuchar el ruido y la vibración que se produce dentro del molino por el roce de la madera mientras muele. 


Pareja Suiza, promotora de la restauración y encargada del cuidado y funcionamiento
de los molinos



Los otros dos molinos hacen las veces de museo con fotos y algunas herramientas agrícolas en su interior. Sus aspas pueden girar pues su eje de madera está correctamente instalado con un freno hidráulico para detener el giro. 



   puesta en marcha después de
 ajustar la superficie de las aspas


Aprovechando el alquiler de la moto recorrimos todos los puntos posibles de la isla hasta donde llegaban las carreteras. 



bahía Livadhi

Bahía Kambos

Bahía Groikou

puesta del sol en Bahía Stavros

...y al otro lado la luna. Varadero de playa Diakoftis

Patmos ha sido una de las islas donde más a gusto hemos estado, por su estilo, su gente y su belleza natural. Costó bastante continuar camino, pero los amigos nos esperaban en Leros y había que aprovechar el viento del Norte que después de una semana había disminuido un poco de intensidad.
Nos despedimos del propietario de la taberna y los pescadores y pusimos rumbo a Leros con viento portante.


Next Port Leros segunda parte…

2 comentaris:

  1. Hola pareja, qué envidia que me dais, se os ve la mar de bien en las fotos, bravo!!! Os mandamos un fuerte abrazo desde la Travessera de les Corts, Peggy, Lou & Jorge.

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    1. hola familia!! que ilusión vuestro mensaje!!! Un fuerte abrazo para vosotros también.

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